Zona de Escarcha

Dónde

A través de la ventanilla
miro,
¿dónde están mi horizonte y sus estrellas?

Sigo mi rutina errática
sobrevivo,
¿dónde irán a parar las huellas y la fatiga?

Cuento suspiros por no gritar a los cuatro vientos
callo,
¿dónde lloro mis lamentos?

Tengo fe pero no creo en templos
imploro,
¿dónde me refugio de todos mis demonios?

El hogar es un laberinto conocido
me adentro,
¿dónde estará la oportunidad del exilio?

Los sueños fueron realidad pero se han perdido
imagino,
¿dónde se recupera el pájaro herido?

Ni
la libertad
ni
la independencia
ni
la duda
ni
la impotencia
ni
el camino
ni
mi destino
tienen un lugar fijo.

Fuera

La barbilla flojea.

Ausente el llanto
en el vértigo de esta azotea,
donde a veces llueve
donde a veces nieva
donde el sol es anécdota
donde el bienestar parece una isla remota.

Si no me ahogo, muero
pero seguir viviendo de prestado
en una mente obsesiva
y en un cuerpo agotado
me deja sin fuerzas,
con sueño,
y esta ácida sensación de
tiempo desperdiciado.

Escribiré hasta mi último aliento
y el día en que todo se apague
sabré
responder todos esos por qué,
callejones sin salida
refugios sin calor
que hacen supurar
hasta la última herida.

Cuando parece que me tranquilizo
es mentira;
me estiro
o relajo
y nada me arde más
que este invierno de estío
que pasa y vuelve
en el mejor momento,
que transforma en memoria mojada
los papeles del ágora en que rezo
por otro día.

Oh, Demiurgo,
devuélveme la pasión de contar
y el calor en el cuerpo;
haz la guerra a esta rutina,
excava hasta encontrar la fosa común de mis demonios;
sé tú
el antídoto
para lo terrenal;
reconstruye el templo de mi confianza
declara patrimonio íntimo las ruinas que
aquí reinan.

Quedamos yo
y un ademán de lucha.
Afuera, insonorizada,
una realidad que a menudo nos echa.

Lontano

Un revés tras otro
cuando un pie se levanta
una rodilla cae
me doblego
porque no puedo
elegir mi paisaje.

Hordas de errores
se sumen en mi Averno
si de verdad viviese la vida que imagino
compondría los poemas
en otro cuaderno.

Nací sin elegirlo
crecí sin oponerme
y cuando miro atrás
la sombra de mi infancia frustrada
viene a verme.

No aprendí a cantar
ni a llorar tampoco
aunque sí sé que algo se mueve
dentro de este cuerpo tosco
quizá sea nada
o quizá sea un loco
pero sé que mis días
pertenecen a otro rostro.

A una sonrisa limpia
a un despertar gozoso
a una respiración profunda que no llega
a un cerrar de ojos y mirar a las estrellas.

Pero cuando llegue
quizá la Luna sea nueva
y no esté para bañarme
con su cálida luz de condena.